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Teníamos que ir a IFEMA Madrid, ninguno de nuestros coches habituales estaba disponible y, en un arrebato de practicidad (y valentía), dijimos: “vamos a coger un car sharing y así lo probamos”.
Diez minutos después estábamos abriendo un coche desde el móvil con Voltio y otros cinco más tarde ya estaba dentro de un Fiat 500e y, para ser claro no me gustan los coches eléctricos, me parecen lavadoras sin alma. En cambio, Carlos no los odia tanto, los considera tan legítimo como otros coches, con distancias pero podemos decir que somos el «Ying y el Yang» de la automoción.
Exterior
Cuando paramos un momento y lo miramos con calma, el Fiat 500 eléctrico deja claras sus intenciones. No intenta parecer lo que no es. No hay parrillas falsas, no hay cromados innecesarios ni artificios raros para simular deportividad. Es un 500, reconocible desde lejos, con esa silueta tan icónica que funciona desde hace décadas.
Eso no quita que tenga decisiones estéticas discutibles. La cara delantera genera sentimientos encontrados: es simpática, pero también tiene algo raro, como si el coche estuviera permanentemente enfadado o frunciendo el ceño. Hay detalles, como ciertas ópticas o elementos tapados, que te hacen preguntarte si alguien en diseño dijo “esto queda bien” y nadie se atrevió a llevarle la contraria. Aun así, en conjunto funciona. Es pequeño, compacto y en cuanto lo ves aparcado entiendes por qué en ciudad es una herramienta perfecta.
Las llantas merecen mención aparte, porque por una vez estamos de acuerdo: están muy bien resueltas y le dan personalidad. El coche, en general, tiene presencia y carácter, aunque no sea precisamente el carácter que más nos emociona.
Interior
Por dentro, el Fiat 500 eléctrico empieza mejor de lo que uno espera. Te sientas y la primera impresión es positiva: el diseño está cuidado, todo es bastante limpio y se nota que alguien pensó un rato en cómo debía sentirse este coche por dentro. Los mandos del climatizador están donde tienen que estar, se usan sin pensar y no te obligan a entrar en un menú para subir medio grado la temperatura. En 2025, esto ya es casi un lujo.
El volante también cumple. Buen tamaño, tacto correcto y una resistencia al girar que, al menos, te recuerda que estás conduciendo un coche y no manejando una tablet con ruedas. Hasta aquí, todo bien. El problema llega cuando empiezas a prestar atención a los detalles.
Aparecen los plásticos duros, sobre todo en zonas que ves y tocas constantemente, y la sensación general de calidad empieza a evaporarse con cada minuto que pasas en el coche, se queda un pelín corta para el precio que pide Fiat por el coche. Los asientos no han venido a hacer amigos, son dos trozos de tela que cumplen su función, pero son incómodos y hace que no quieras estar sentado en ellos más tiempo del necesario. Cierto es que son bonitos, con ese patrón bordado que repite una y otra vez la palabra «FIAT» pero hasta ahí las bondades del asiento.
Y luego está el selector de marchas. No es una palanca, son botones grandes colocados en una zona donde tu mano no va de forma natural. Creo que estos botones se parecen mas a una prueba del oculista que a un selector de marchas de un coche. Funcionar… funcionan, claro que funcionan, pero cada vez que los usas tienes que pensar un poco más de lo que te gustaría, no es satisfactorio, es un botón… algunos dirán que es una chorrada… pero a nosotros no nos convence y tenemos que decirlo.
Detrás, el coche se defiende con algo de dignidad. Existe una puerta adicional, poco conocida, que es una solución curiosa que, sin ser revolucionaria, mola. Es como una puerta del «pin y pon» porque casi parece de juguete. Dos adultos caben atrás, con el espacio muy medido y con la sensación de que no querrías sentarte ahí más del tiempo estríctamente necesario. El maletero sorprende para el tamaño del coche. No es grande, pero existe, y eso ya lo coloca por delante de algunos urbanos que directamente se rinden, aunque el cierre del portoncito del maletero es horrendo.
Conducción
Arrancas y todo sucede en silencio. El coche se mueve con suavidad, sin vibraciones y sin ningún tipo de drama. Aquí llega una de las frases clave de la prueba: “esto no transmite nada”. Y no es una crítica gratuita, es simplemente la realidad. El Fiat 500 eléctrico hace lo que tiene que hacer, pero no busca emocionarte. No hay conversación entre el coche y tú, todo es correcto y previsible. La dirección es sorprendentemente buena, tienes la sensación de que el volante está conectado a las ruedas y tienes el control del coche, además con cierta agilidad, sorprendente.
Eso sí, en ciudad juega en su terreno. El par inmediato hace que salga con soltura de los semáforos y se mueva con agilidad entre el tráfico. Aunque pesa más de lo que aparenta, no se siente torpe, y la dirección responde mejor de lo esperado. No da esa sensación artificial que tienen otros eléctricos, y eso se agradece, porque al menos sientes que el coche obedece lo que le pides.
Para moverte por Madrid es comodísimo. Aparcas sin pensar, te cuelas con facilidad y te quitas de encima el estrés de los trayectos urbanos. Es el tipo de coche que te hace pensar “vale, para esto sí”. El problema llega cuando sales de ese contexto. La autonomía baja más rápido de lo que te gustaría y, en cuanto empiezas a pensar en salir de la ciudad o hacer algo más ambicioso que ir y volver del trabajo, el coche te invita sutilmente a replanteártelo. Además, al ser etiqueta 0 podrás aparcar donde quieras, cuando quieras, sin restricción de tiempo.
Conclusiones
El Fiat 500 eléctrico es muy honesto con lo que ofrece. Es un coche urbano, fácil de usar, cómodo en el día a día y pensado para moverse por ciudad sin complicaciones. Como segundo coche o como solución de car sharing, encaja perfectamente y cumple con nota. Nosotros probamos el carsharing de voltio, que es de la mutua madrileña, y sinceramente no tenemos ninguna queja.
El conflicto aparece cuando miras el precio. En cuanto lo equipas un poco y eliges la versión que realmente apetece, entras en una franja donde hay alternativas más completas y versátiles. Incluso dentro del mundo eléctrico, propuestas como el Renault 5 empiezan a ponerle las cosas difíciles, porque ofrecen más coche por un dinero parecido.
No es un coche que te decepcione, pero tampoco es uno que te haga ilusión coger cada mañana. Y al final, esa es quizá su mejor definición: funciona, cumple y no molesta… pero no enamora.
O dicho de otra manera: está bien. Sin más, por ese precio tienes tantísimos otros coches, que quizás sea mejor buscar otras opciones.
