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Que conste que el coche es gris. Alberto dice que es blanco. Nos hemos pasado media mañana con este debate y no hemos llegado a ningún acuerdo, así que lo dejamos aquí y seguimos.
Nunca había sido muy fan del Ford Kuga. No por nada concreto, simplemente no me había llamado la atención. Pero cuando lo ves en persona con el rediseño nuevo entiendes que algo ha cambiado. Es claramente un Ford, reconocible, con una parrilla más agresiva, unos faros que le sientan muy bien y unas llantas de 20 pulgadas completamente negras y multiradio que son de lo mejor del coche. Alberto y yo coincidiendo en llantas es un acontecimiento lo suficientemente raro como para mencionarlo.
Y luego están los escapes. Reales. Los dos. Alberto casi llora de alegría y francamente se lo entiendo.
La prueba real: recados por Madrid
Para probar este coche como lo que es, un SUV familiar pensado para el día a día, decidimos hacer algo diferente. Pedimos a unos amigos que nos mandaran sus recados y nos pasamos la mañana haciéndolos por Madrid. Adidas en pleno centro, Leroy Merlin, Mercadona, planta incluida. La planta se llama Lupita, por cierto, y ahora es parte del equipo.
El resultado fue bastante revelador. En ciudad el Kuga no es el coche más ágil del mundo por su tamaño, pero los sensores y la cámara 360 hacen que meterlo por calles estrechas sea mucho menos angustioso de lo que uno esperaría. Te acostumbras rápido. Y con carga eléctrica el consumo en ciudad ronda el litro a los 100, lo que con etiqueta cero y sin restricciones de circulación en Madrid lo convierte en una opción muy sensata como coche único familiar.
El maletero se tragó la planta, 50 litros de sustrato, aislamiento acústico, macetas y 80 litros de agua sin drama. Las plazas traseras son amplias, cómodas y se pueden desplazar hacia adelante o hacia atrás para ganar espacio de carga cuando hace falta. Para una familia es exactamente lo que necesitas.
Interior: mejor de lo que parece
La primera impresión es austera. Ves los plásticos y piensas que van a ser duros y malos. Luego los tocas y resulta que son mullidos. Es uno de esos interiores que hay que experimentar en persona porque en foto no hace justicia.
El puente no se mueve, las puertas cierran con solidez, hay un martillo para romper cristales en caso de emergencia integrado en el coche, que es un detalle que no esperas y que se agradece. Los botones físicos de los controles básicos, los que Alberto llama botones de supervivencia, están siempre a mano y funcionan bien. El volante es redondo, algo que después del Puma de la semana pasada ya no damos por sentado.
Lo que no convence tanto es el cuadro digital. Es chatito, los diales son pequeños, hay poca capacidad de personalización y acumula demasiada información en poco espacio. Ford claramente lo adaptó a posteriori para meter toda la información del sistema híbrido y se nota que fue un poco a contrarreloj. No es malo, pero tampoco es un punto fuerte.
La pantalla de infoentretenimiento funciona bien, los colores son buenos y el sistema Ford en general ha mejorado muchísimo en los últimos años. En eso hay que reconocerlo.
Motor y conducción
Este es el punto que más me ha gustado del coche y donde creo que Ford ha tomado las mejores decisiones. Monta un 2.5 atmosférico sin turbo con cadena de distribución que da 150 caballos de combustión y 243 en combinado con el eléctrico. Mucha cilindrada, poca potencia relativa, sin turbo, cadena. Eso es fiabilidad. Es la filosofía americana de hacer motores y en un coche familiar que va a hacer muchos kilómetros durante muchos años es exactamente lo que quieres debajo del capó.
En carretera el Kuga sorprende. Es cómodo, bien aislado, con una calidad de rodadura que no esperas en un SUV de este tamaño. La dirección está asistida y Alberto diría que demasiado filtrada, yo diría que está bien calibrada para lo que es el coche. No es un deportivo, no pretende serlo, y la conducción se disfruta de otra manera, con esa sensación de colosalidad tranquila que tienen los coches grandes cuando están bien hechos.
El consumo con carga eléctrica ronda el litro a los 100 en ciudad. Sin carga, en carretera, se queda en torno a 5 o 6 litros. Para 1.800 kg de coche con 243 caballos combinados, son números muy razonables.
Conclusión
Este Kuga ha sido una de las reviews más sencillas que hemos hecho. No brilla en nada de forma espectacular pero tampoco falla en nada de forma relevante, y eso en un coche familiar es exactamente lo que buscas. Es espacioso, cómodo, práctico, con un motor que tiene toda la pinta de ser fiable a largo plazo y con una diferencia de apenas 1.500 euros entre la versión de gasolina y la híbrida enchufable que hace que la elección sea bastante obvia.
La gama arranca desde unos 33.000 euros y la versión que hemos probado se queda en 39.500. Mide 4,6 metros, es ligeramente más compacto que un GLC o un X-Trail pero aprovecha mejor cada centímetro. Si estás buscando un SUV familiar que haga todo bien sin complicaciones, este debería estar en tu lista.
El vídeo completo arriba.
