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Antes de que existiera este coche, Cupra era poco más que un nombre en el maletero de algunos SEAT. Una denominación que nació en 1996 para marcar versiones más deportivas, el Ibiza Cupra, el León Cupra, coches para quien quería algo con más carácter pero sin una identidad propia. Y entonces, en octubre de 2020, llegó el Formentor. El primer modelo diseñado desde cero exclusivamente para Cupra, un SUV que no existía en ningún otro sitio del grupo Volkswagen.
La jugada de marketing fue brillante. Primero lanzaron una bestia de 310 caballos por 47.000 euros como declaración de intenciones, y después sacaron un TSI de 150 caballos por menos de 30.000 con el mismo diseño y la misma presencia. El resultado: la marca pasó de 80.000 coches en 2021 a más de 200.000 en 2023. Sin el Formentor, Cupra seguiría siendo una nota a pie de página en el catálogo de SEAT. Así de importante es este coche.
Exterior
Lo primero que llama la atención es que Cupra ha conseguido algo difícil: alejarse del diseño de SEAT sin abandonarlo del todo. La parrilla es grande y agresiva, el morro se ensancha con carácter, y los dos colmillos del labio inferior son exactamente el tipo de detalle que el cliente de Cupra quiere ver. Las luces delanteras heredan esos triángulos característicos que ya habíamos visto en otros modelos del grupo y funcionan muy bien con el conjunto.
Las llantas de 19 pulgadas son espectaculares, anchas y bien proporcionadas. El capó es enorme, quizás demasiado desde el punto de vista del conductor, porque desde dentro da la sensación de ir al volante de una RAM Raptor más que de un SUV compacto. Las líneas laterales hacen lo suyo sin terminar en ningún sitio concreto, decoración pura, pero en este coche pega.
La trasera es donde más se nota el paso del tiempo. La barra de luces continua fue moderna cuando salió, ahora la llevan todos y empieza a perder impacto. Y los escapes, cuatro escapes falsos en color cobre, son lo más Cupra del coche en el peor sentido posible. Al menos el juego de colores funciona. Lo de los cuatro, ya es mucho.
El maletero es generoso para ser la versión enchufable, que suele sacrificar litros para alojar la batería.
Interior
Entras y sabes inmediatamente a quién va dirigido este coche. Todo está pensado para evocar deportividad sin que tengas que leer ningún folleto. Las toberas del aire acondicionado recuerdan a las de algunos Lamborghini, hay cobre por todos lados, el bordado de los asientos, los acentos de la consola, las levas del volante colocadas expresamente para que se vean desde la posición de conducción. Cupra sabe quién es su cliente y no le da vergüenza decírselo a la cara.
El volante está bien, aunque no me entusiasma con cuero cosido y ese punteado característico. Los asientos son cómodos, de los que te hacen querer quedarte, y la puerta está sorprendentemente bien resuelta con cuero en el agarre y una calidad que no te esperas en este precio.
Dicho esto, hay zonas donde se nota el ajuste de costes. El puente baila un poco, algunos plásticos no convencen del todo y la pantalla está colocada como una tablet encima del salpicadero, sin integrarse demasiado con el conjunto. Es honesto, al menos, porque integrarla del todo habría sacrificado espacio en otros sitios. El cuadro digital es moderno pero algo cuadrado e impersonal, no termina de transmitir la personalidad del resto del interior, es un copy/paste del de Seat, igual que la interfaz de la pantalla central.
Atrás hay espacio suficiente para viajar cómodo, climatización trasera y USB-C. Cinco personas caben perfectamente, aunque con silla de bebé el segundo pasajero trasero lo va a pasar algo justo.
Conducción
El 1.4 híbrido enchufable suma 200 caballos en combinado y la patada que da es de verdad, no de papel. El par eléctrico inmediato hace que cada aceleración se sienta contundente, y en curva el coche va mucho mejor de lo que su altura sugiere.
La dirección es más blanda que la de un deportivo puro, pero tiene buena respuesta y transmite suficiente información para que no te sientas desconectado. La suspensión es muy cómoda, pasa por baches sin drama y en viaje largo no cansa. Los frenos están bien calibrados, con ese primer tramo suave propio de los enchufables donde entra la regeneración y el segundo tramo más firme cuando entra el freno mecánico.
Conclusión
Es un SEAT con corazón de Audi, y eso no es un insulto, es exactamente lo que lo hace bueno. Plataforma compartida, muchas piezas de Audi por dentro, identidad propia por fuera. En segunda mano, con 50.000 km, se pueden encontrar por alrededor de 26.000 euros. Para quien quiera etiqueta cero, una conducción con carácter y un interior que no avergüenza a nadie, es una de las mejores opciones del mercado ahora mismo.
No hemos podido estar suficiente tiempo con él para dar un veredicto definitivo, pero el mejor resumen posible es que nos hemos quedado con ganas de seguir probándolo. Y eso, con un coche, es muy buena señal.
El vídeo completo arriba.
