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El GLC nació en 2015 como relevo directo del GLK, aquel SUV cuadrado y con carácter que Mercedes decidió refinar. Con el GLC la marca buscó algo más redondo, más elegante y, sobre todo, más global. La jugada salió perfecta. En apenas unos años se convirtió en el modelo más vendido de la firma, desplazando a los tradicionales Clase C y Clase E y consolidando el reinado SUV incluso en la marca más clásica de Alemania. No es un coche que grite deportividad ni tampoco pretende parecer futurista. Es un SUV maduro, de proporciones correctas y diseño limpio, que no necesita disfrazarse para convencer.
Diseño exterior
«Por fin, Mercedes siendo Mercedes» con estas palabras describía Alberto el GLC a simple vista. Y es que el GLC no intenta ser extravagante ni reinventar la rueda. Su frontal impone sin pasarse en exceso (como me parece que se pasan un poco en las fotos del Nuevo GLC 100% eléctrico), la parrilla brilla lo justo y la pintura gris metalizada característica de Mercedes encarna esa elegancia que la marca de la estrella lleva décadas perfeccionando. Las llantas de 18 pulgadas conservan la proporción ideal entre estilo y confort, sin caer en el postureo aerodinámico que tanto abunda últimamente. Aunque la unidad que probamos mostraba algún rayón del uso, seguía transmitiendo solidez, presencia y una sensación de coche bien hecho. Y sí, el portón trasero eléctrico es una de esas tonterías que nadie necesita… pero todos disfrutamos cada vez que se abre solo. Pequeños placeres burgueses.
Diseño interior: Acabados premium por doquier.
Maderas reales, tapicería bicolor en tonos crema y chocolate, botones físicos de estilo aviador (benditos sean los botones físicos) y un diseño de cabina que mezcla lujo clásico con tecnología discreta. Hay pantallas, pero no son absurdamente grandes: aquí todo tiene sentido, textura y peso. Podríamos estar hablando de la máxima expresión de lo que un coche moderno barra tecnológico debería ser, menos pantallas y la echarías de menos, más y acusarías a Mercedes de pasarse de rosca. Alberto insiste en que podrían haber integrado la pantalla en el salpicadero en vez de estar «flotante», pero yo personalmente no estoy de acuerdo, creo que donde está no entorpece y es suficientemente grande y moderna para cualquier necesidad, además tiene el último software MBUX que es común a todos los modelos de la marca.
Sigo pensando que Mercedes es la compañía que hace los volantes más bonitos, al menos de la época reciente. Simples, sencillos, y en este caso con botones físicos (de los cuales no se benefician sus sucesores…).
Los asientos son amplios, el puesto de conducción transmite solidez, y el espacio trasero permite viajar cómodamente incluso a tres adultos. Todo está donde tiene que estar, todo suena como debería sonar, y nada sobra. Alberto lo define bien: “Es como ir en el sofá de casa, pero con tracción total.” Y no exagera. La insonorización es excelente, el confort de marcha roza lo sublime, y la sensación de robustez es constante.
Conducción: No notarás los kilómetros
Bajo el capó encontramos un 2.0 turbo de gasolina con 200 CV, asistido por un pequeño motor eléctrico que aporta la etiqueta ECO. La tracción 4MATIC reparte la potencia con inteligencia, por ejemplo si el cerebrito alemán del coche detecta que una rueda está atascada o perdiendo tracción, accionará el freno solo en esa rueda haciendo que el resto de la fuerza se vaya a la otra rueda que queda libre.
No, no es un todoterreno puro, y para ser sincero no vas a estar trotando por los Alpes ni por los Pirineos de manera constante, pero si llega la circunstancia, se defiende con dignidad por caminos de tierra o nieve, y en carretera brilla con un comportamiento muy equilibrado.
La suspensión filtra con delicadeza, la dirección es precisa y ligera con algo de peso que hace que esté muy bien equilibrada, y el cambio automático con levas aporta ese toque de control que te hace olvidar que conduces un SUV. Es un coche pensado para relajarte, no para batir tiempos. Lo disfrutas por cómo fluye.
Ahora, es un SUV, y transmite esa sensación de estar conduciendo una mole, de ser el rey de la carretera. No esperes comportamientos de compacto, porque no los vas a encontrar. En curva el coche se mueve de lado a lado —en parte por su centro de gravedad más alto—, así que no recomendamos entrar demasiado rápido si no quieres que la física te recuerde quién manda. Eso sí, para viajar es perfecto: puedes hacer kilómetros y kilómetros y, cuando llegues a tu destino, seguirás fresco y con ganas de más.
Conclusiones y precio (Auch!)
En 2020 este GLC costaba unos 60.000 euros de base, pero la unidad probada —con extras, tapicerías especiales y paquetes tecnológicos— está más cerca de los 65.000 euros. Y ese precio no ha hecho más que subir por la inflación, a los 80.000 euros actuales aproximadamente. Una cifra seria, sin duda. Pero hay algo en la forma en que este coche está construido que transmite valor. No solo por los materiales o la marca, sino por la sensación de calma, precisión y coherencia que produce.
Si estás dispuesto a pagar la estrella, y quieres un SUV marca Mercedes, y cinco plazas. Es un coche magnifico, y seguramente no te arrepientas de la compra.
