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Llevo una semana diciéndoselo a Carlos. El coche eléctrico urbano no está pensado para viajar y él empeñado en que sí, en que con planificación se puede, en que la red de carga ha mejorado. Así que decidimos hacer la prueba más exigente que le podíamos hacer al Ford Puma Gen-E: Madrid a Valencia y vuelta. 760 km con una batería de 43 kWh. Ford nos lo había dejado para probarlo y yo lo había pasado fatal durante la semana con cargadores rotos, planes perdidos y alguna cana nueva. Carlos seguía convencido de que era cosa mía.
Arrancamos al 100% desde un cargador rápido cerca de la A3. Hasta ahí todo bien.
En carretera: el primer descubrimiento
Lo primero que aprendí de este coche en carretera es que el modo eco es básicamente otro vehículo. Uno que no tira. Carlos lo puso en carretera a 120 y pisando a fondo el coche se quedaba en 105. Literalmente. Lo cambió a modo normal y de repente era otro coche completamente distinto. Y en modo Sport, tiene mucha más vidilla, ahora gasta que no veas. Tres modos, tres coches distintos, ahí lo dejo.
Lo segundo que aprendí es que la autonomía real en carretera hay que cogerla con pinzas. Salimos con 287 km indicados y llegamos a la primera parada con 59 km de margen después de recorrer 160 km. Matemáticamente correcto, pero en la práctica hay que restarle unos 80-100 km a la autonomía indicada si vas a hacer carretera, por el viento, las subidas, el aire acondicionado y todos los factores que el ordenador no pondera igual que la vida real.
El coche carga del 20 al 80% en 23 minutos, que está muy bien. El problema es que nosotros paramos tres veces entre Madrid y Valencia porque de otra manera no llegábamos al siguiente cargador. Con un gasolina equivalente hubiera sido una parada, para comer, y listo.
Interior: amor con matices
Ford ha hecho algo concreto con este interior y es decidir dónde invertir y dónde no. Lo que ves y usas está bien resuelto, las pantallas son buenas, la interfaz es de las mejores que hemos probado en mucho tiempo, algo en lo que Ford ha metido mucho tiempo y esfuerzo en hacer bien, y los botones físicos del volante funcionan sin tener que meterse en menús. El techo solar es una gozada, da más luz y más sensación de espacio.
Lo que no ves o no tocas tanto, los plásticos bajos de las puertas, la guantera, el puente que baila un poco, ahí es donde se nota el ajuste de costes. No es un interior premium pero tampoco pretende serlo.
Los asientos son lo mejor del coche sin discusión. Abrazan de verdad. Cuando te sientas no esperas que vayan a ser tan cómodos y luego no te quieres levantar. Ocho altavoces con un sonido espectacular. Y un maletero de 574 litros que es enorme, más un pequeño frunk delantero porque aquí no hay motor que moleste.
Lo que no funciona: el volante. Buena calidad, mal tamaño. Es enorme, cuadrado, como de camión. Una pena porque en lo demás acompaña bien.
Las plazas traseras son francamente incómodas para adultos en viaje largo. Para niños o trayectos cortos pasan, para nada más.
En ciudad: aquí sí
Tengo que reconocerlo porque soy un tío serio y hay que ser justo. En ciudad este coche brilla. La aceleración desde cero es brutal, sales el primero en cada semáforo, es ágil, silencioso, y la autonomía en ciudad no baja sino que se mantiene gracias a la frenada regenerativa. Si tienes un trayecto diario de menos de 100 km y puedes cargarlo en casa, este coche tiene todo el sentido del mundo.
El problema es cuando no puedes cargarlo en casa. O cuando te toca viajar.
El exterior: personalidad de verdad
Llegamos a Valencia con la última luz y allí pudimos ver el coche bien. El Puma tiene algo que pocos coches de su segmento tienen: se reconoce de lejos. El morro recuerda al Mustang eléctrico, los faros tienen un toque de Porsche Macan, y todo el conjunto es deportivo y desenfadado a la vez sin intentar parecer lo que no es. Es un eléctrico que asume que es un eléctrico, sin parrillas falsas ni escapes de adorno. Eso se agradece.
Por la noche proyecta el logo del puma en el suelo. Una tontería, pero un detalle que hace que te acuerdes del coche.
La cuenta final
760 km, 90 euros en cargadores rápidos. Un gasolina equivalente consumiendo 5,5 litros a los 100 hubiera costado unos 56 euros. Aquí es donde mi argumento de la semana se sostiene: el eléctrico en viaje largo, con cargadores de pago rápido, no sale más barato que un gasolina. Carlos tuvo que reconocerlo a la 1:30 de la mañana esperando en un cargador con el 20% de batería.
Conclusión
El Ford Puma Gen-E es un buen coche. Cómodo, silencioso, con personalidad y bien resuelto en lo que importa. Dentro de su categoría, los eléctricos urbanos de unos 30.000 euros, es una opción muy a tener en cuenta.
Pero hay que tener claros los compromisos. No tiene asientos calefactados ni ventilados, no tiene calefacción trasera, y con 43 kWh de batería viajar requiere planificación, paciencia y asumir que llegarás dos o tres horas más tarde que con un gasolina. Si puedes cargarlo en casa y tu vida transcurre en ciudad, perfecto. Si no, piénsalo bien antes.
El vídeo completo arriba.
