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Pequeño, eficiente y con un embrague que pisa un enanito por ti. Así podría resumirse este Toyota Yaris de segunda generación, uno de esos coches que Toyota hacía cuando el mundo era más simple: pequeños, fiables y sorprendentemente prácticos. Nuestro protagonista es un Yaris 1.4 D-4D de 90 CV, versión diésel con cadena de distribución y cambio manual asistido, de esos que te hacen pensar: “¿quién demonios inventó esto?” hasta que descubres que… funciona.
Diseño exterior
En un mar de coches blancos, grises y negros, este Yaris rojo brilla como un foco de color en un mundo un poco gris. Es un coche “mono”, sin complejos, con sus ruedas de 15 pulgadas y su frontal que, no el más bonito, ni el más guapo pero al menos es simpaticón. No pretende ser deportivo, ni mucho menos “masculino”, pero tiene algo entrañable. Es el típico coche que no intenta llamar la atención, y justo por eso la consigue (principalmente por el color, cualquier versión gris o negra pasaría desapercibido).
El diseño ha envejecido mejor de lo que uno pensaría. Las proporciones son correctas, la carrocería compacta (3,75 metros de largo, 1,7 de ancho) y los faros —grandes, casi desproporcionados— le dan una expresión amable. El nuestro, como buen coche de segunda mano, tenía algún que otro “picotazo” y la silicona de la luna delantera pidiendo jubilación, pero nada que un comprador con ojo no pueda usar para bajar el precio.
Interior
Las plazas delanteras están juntitas —tanto que si estornudas saludas al copiloto—, pero el aprovechamiento del espacio es excelente. Los asientos son cómodos, sin pretensiones, aunque no sujetan mucho. Eso sí, para su tamaño, la calidad de los materiales es mejor de lo esperado: plasticorros duros, sí, pero bien conservados. No hay sensación de “me voy a quedar con el pomo en la mano”.
Sinceramente, no sé qué tipo de magia hizo Toyota con este coche… Mides 1,86 y cabes
La instrumentación en el centro del salpicadero puede no gustar a todos (Toyota lo hacía para ahorrar costes entre mercados), pero cumple. Y los asientos traseros… sinceramente, no sé qué tipo de magia hizo Toyota con este coche… Mides 1,86 y cabes. No sobra nada, pero cabes. Además, se deslizan para ganar espacio al maletero, algo impensable en un coche tan pequeño. Toyota en 2009 no jugaba: hacía Tetris con los centímetros. Eso sí, te queda un maletero pequeño… pero… ¿Realmente lo necesitas?
Conducción
Ligero, alto y sorprendentemente eficiente. Este Yaris se siente ágil sin necesidad de correr, aunque no exageradamente estable tampoco… Su posición de conducción es curiosamente elevada, casi de SUV, lo que da buena visibilidad y cierta sensación de control. Bajo el capó, el 1.4 D-4D de 90 CV empuja con más dignidad de la esperada: no hay emoción, pero hay eficiencia. Y mucha.
En carretera ronda los 4,3 litros a los 100, en ciudad se acerca a los 5, y lo mejor es que todo lo hace sin despeinarse. En un viaje largo, Alberto llegó a sacar 4,3 litros reales, y eso sin trucos de hypermiling. Eso sí, el aislamiento acústico, absolutamente inexistente: cada grieta del asfalto se amplifica como si estuvieras dentro de una caja de resonancia con ruedas. Pero… ¿Realmente le estás pidiendo el silencio de un Rolls a un Yaris de 16 años?
Mención aparte merece su caja de cambios. A ver, es a efectos prácticos una caja automática, pero que técnicamente es una «Caja Manual Robotizada» no usa ejes planetarios, si no es como una caja de cambios manual, pero que un cerebrito japonés pisa el embrague por ti, y cambia solo. Es un sistema que mezcla lo peor y lo mejor de ambos mundos: un cambio manual con embrague, pero sin pedal. No es tan suave como un automático, ni tan directo como un manual, pero funciona (aunque no ha sobrevivido mucho la tecnología, fue un experimento que no llegó a ninguna parte, especialmente con el desarrollo de las e-CVT).
Practicidad
Decidimos llevarlo a su prueba definitiva: una compra cotidiana en el AhorraMás. Pan, garrafas de agua y —cómo no— 24 rollos de papel higiénico. Lo esencial. Lo metimos todo en el maletero y, contra pronóstico, cupieron sin ningún problema. Porque seamos sinceros, este es un coche que se va a usar principalmente para la vida cotidiana, como primer coche o como coche de señora mayor (lo sé porque el otro día vi un coche igual conducido por una señora mayor).
El maletero no es grande, pero es honesto: caben un par de maletas, la compra de la semana y, si lo apuras, un Carlos medianamente flexible. Es la clase de coche que no presume de espacio, pero de nuevo, te basta para el día a día.
Conclusión
El Toyota Yaris 1.4 D-4D es justo eso: un coche que no promete grandes cosas… y cumple con aquello que promete. Es fiable, barato de mantener, gasta menos bien poco y encima de diésel y, con su interior tipo tienda mágica de Harry Potter, demuestra que el espacio bien pensado vale más que los centímetros en ficha. No será el más masculino ni el más inspirador, pero te lleva, te trae y no te arruina.
Quizás no sea el coche que uno sueña con tener, pero sí el coche que todo el mundo debería haber tenido alguna vez. Y si lo ves barato, bien cuidado y sin mucho óxido, no lo pienses demasiado: cómpratelo, échate unas risas y ahorra combustible.

1 Comentario
Silvestre
Un coche muy fiable, mi Toyota Aygo dentro de poco tendré que cambiar el embrague, le pondré uno de Yaris, tienen más durabilidad por lo que veo en foros.
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